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En mi breve pero concurrida trayectoria como entrenador hasta el día de hoy, he vivido muchas situaciones diferentes y algunas adversas. Habré tomado decisiones erróneas, polémicas, inlcuso poco ortodoxas, siempre siguiendo mis principios, mi metodología y teniendo en cuenta al alumnado, buscando lo mejor para ellos. 

A veces como docentes nos equivocamos, olvidamos nuestro verdadero propósito frente al alumno, tomamos el camino incorrecto, pero no hay que olvidar que de los errores se aprende. Debemos identificar y aceptar con dignidad nuestras fallas para luego poder corregirlas.

Aquí publico una serie de tópicos, pero que son errores que muchos docentes cometen:






1. Oír no es lo mismo que escuchar

Oír a los alumnos es atender lo que están diciendo, escuchar es entender lo que dicen. Muchas veces oímos lo que nos dicen, pero nunca prestamos suficiente atención pues estamos más preocupados por nuestros problemas o por aquello que está sucediendo a nuestro alrededor. Es necesario aprender a escuchar activamente, tener la capacidad de vaciar tu mente y entregar tu tiempo a quien se está dirigiendo a ti. Una buena estrategia para permanecer y parecer atento es mantener el contacto visual con los alumnos; tanto cuando son ellos quienes exponen como cuando eres tú el que lo hace.

2. Valorar más el resultado que el proceso

Error muy común entre los docentes: considerar que el resultado (o examen en el sistema educativo) lo es todo, la única evidencia del proceso de enseñanza-aprendizaje. Lo importante como maestros es supervisar que el alumno a lo largo de todo el curso y después de un examen. El verdadero valor está en que asimilen y retengan el conocimiento, no en unas calificaciones. Hoy en día hay docentes muy aclamados, que en su etapa como estudiantes fueron de los peores, partiendo de sus calificaciones.

3. Fomentar la perfección y no la excelencia

Cuando el examen es el rey, la perfección se convierte en la meta de cualquier aprendizaje. Sin embargo, ahora se entiende que la excelencia es mucho más importante que la perfección pues incide más en el proceso que en el resultado.

4. Evitar los conflictos

Los conflictos en sí no son malos, pese a la connotación negativa que el propio término implica. De lo que se trata es de transformar el conflicto en un conflicto positivo, es decir, hacer entender a nuestros alumnos que una persona no se mide por los conflictos o sus errores sino por cómo se comporta y supera esos momentos de crisis. Además es un buen momento de enseñanza pues los niños pueden aprender el valor del diálogo, la tolerancia y la resolución de conflictos.

5. El silencio es orden y disciplina

Para enseñar, el silencio es imprescindible. Sentencia que para la enseñanza tradicional y unidireccional (el maestro habla, el alumno escucha) es básica. Así creía que había que enseñar, hasta que un día, ejerciendo como entrenador, me dí cuenta que no podemos continuar con este tipo de enseñanza en el sistema educativo, como maestros debemos adaptarnos a las nuevas generaciones, a su espíritu de libertad y de gran crítica. Sí, habrá momentos donde el silencio sea necesario (como muestra de respeto a quien se encuentre hablando), pero también debe haber momentos para el debate y el espíritu crítico.

6. Ser simpático en lugar de empático

Este punto realmente me recuerda ciertos momentos en mis inicios como entrenador y tiene mucho sentido. Una forma fácil de acercarse y crear lazos de confianza con los alumnos es a través de la simpatía y el humor. Sin duda es una gran herramienta para ganar la aprobación de los estudiantes, además de hacer las clases más amenas), de tener siempre una respuesta para terminar cualquier conflicto, etc. Pero debemos recordar que la simpatía es una solución que se centra en esquivar el conflicto, mientras que la empatía se centra en la persona, es una solución que no juzga sino comprende.

7. Explicar no es lo mismo que enseñar

Es inevitable que, cuando se empieza a ejercer como docente, se confundan los términos explicar y enseñar. Una buena clase se identifica cuando hay un balance entre explicaciones y demostraciones, entre transmitir conocimientos y provocar que el conocimiento surja del alumno mismo. Es más importante que el niño aprenda a aprender, a que aprenda sólo conocimientos.

8. Formular preguntas cerradas

A veces para facilitarnos el trabajo realizamos preguntas sencillas que sólo tienen una respuesta correcta, preguntas que no generan opciones y que no buscaban el diálogo. Si algo debemos aprender es que las preguntas abiertas, las que incitan a la duda, al cuestionamiento y reflexión son mucho más efectivas en el proceso de aprendizaje pues inciden en lo emocional e invitan a la retroalimentación.

9. Sancionar en vez de mediar

Ante un conflicto en el aula, la opción más rápida e inmediata es la sanción. Sin embargo, la sanción carece de diálogo, por lo que la mediación es un método mucho más efectivo porque tiene un efecto reparador. Es importante que nuestros alumnos aprendan esta habilidad pues será de gran utilidad a lo largo de su vida personal y profesional.

10. Enfocarnos sólo en la inteligencia intelectual, nunca en la emocional

La educación tradicional es una educación lineal en la que sólo hay tiempo para trabajar conceptos y procedimientos. Si, en cambio, le damos importancia a las emociones podemos replantear la forma en la que se enseña en las aulas, transformar el currículum académico y ligarlo a fomentar las competencias emocionales. "Las emociones positivas son fundamentales para mejorar el rendimiento deportivo y/o académico"

11. No animar a la cooperación

Una vez de que se pretende cambiar el espacio y los procesos en el aula, es fácil darse cuenta que hay una gran cantidad de oportunidades que se nos abren. Una de ellas es impulsar a que los propios alumnos aprendan de sus compañeros. Sustituir la clase tradicional por una clase cooperativa e innovadora ayuda a transformar el tiempo y el espacio en el salón de clases.

12. Aplazar la educación inclusiva

Aunque se sea sensible con el tema de la educación inclusiva, no siempre es posible implementarla efectivamente, pero es de obligación como docentes comenzar a dedicar tiempo a los alumnos con necesidades educativas especiales y toda la atención que requieren.

13. Utilizar las TIC como sustituto, no como aliado

Seguramente muchos maestros han sido testigos de la evolución tecnológica en la vida diaria y su consecuente inclusión en las escuelas. Dado que este es un cambio muy nuevo y completamente diferente a lo acostumbrado, es fácil pensar que la tecnología podría estar por encima del docente, pero con el tiempo se aprende que las TIC nunca podrán sustituir el verdadero trabajo del maestro, sino que son sólo un acompañante, una herramienta para hacer mejores a los docentes.

14. No valorar el error como una forma más de aprendizaje

Cuando se valora el proceso más que los resultados, nos damos cuenta que el error es un elemento indispensable para el aprendizaje. Ésto, claro, cuando se enfoca el error desde una perspectiva constructiva, material nuevo de aprendizaje. "El que no se equivoca nunca, es porque nunca hace nada"

15. Promover el “saber” por encima del “saber hacer” 

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. Cuánta verdad esconde esta cita de Benjamin Franklin. Es común pensar que el aprendizaje consiste en saber, en acumular definiciones, fechas, nombres de obras… De lo que verdaderamente se trata es enseñar a que los alumnos aprendan destrezas y habilidades para que puedan enfrentarse al mundo que les espera más adelante.

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